Entre más personas conocen la Experiencia RA Intimate Boudoir, más mujeres me escriben pidiendo información para vivirla. Y, al mismo tiempo, cobra más sentido el motivo por el cual decidí crearla.
Quería ofrecer ese espacio que parecemos necesitar con urgencia: un lugar que no nos exhiba, que nos permita volver a escucharnos, a sentirnos en intimidad con nosotras mismas.
Vivimos en una época en la que todo se muestra, todo se expone, y la intimidad ha sido reducida —muchas veces— a lo sexual. Por eso, se vuelve necesario hacer una pausa y mirar este concepto con más profundidad. Porque cuando hablamos de intimidad, no necesariamente hablamos de la que se vive con otro.
Esa es, por supuesto, una forma de intimidad. Pero la mirada íntima que busco recuperar a través de la Experiencia RA Intimate Boudoir tiene más que ver con la forma en que nos miramos a nosotras mismas: una mirada más compasiva, más amorosa, una que reconoce lo que hemos vivido y las huellas que eso ha dejado en nosotras.
En ese proceso de volver a mirarnos y reconocernos, algo empieza a suceder. La mujer —no la mamá, no la pareja, no la empleada, no la empresaria— la mujer, simplemente, comienza a emerger de forma natural. Y con ella, aflora una sensualidad que no se fuerza, que no se impone, sino que ya habita en nosotras.
Esa mirada íntima de la que hablo no es algo lejano ni abstracto. Está presente en lo cotidiano, en los pequeños momentos en los que nos encontramos con nosotras mismas.
Mirarnos en la mañana al espejo es un momento íntimo. Y, dependiendo de la mirada con la que nos encontremos, nuestro día puede cambiar. Lo mismo sucede en cada reflejo: en una selfie, en un vidrio, en cualquier instante en el que nos vemos. Todos esos encuentros van construyendo una forma de mirarnos… y, con ella, una conversación interna que poco a poco empezamos a creer, hasta que termina por definirnos.
Esa mirada y esa voz en tu cabeza son las que busco transformar a través de la Experiencia RA Intimate Boudoir.
Quiero que, después de vivirla, tengas una forma mucho más amorosa de mirarte. Verás cómo todo cambia cuando te permites, de verdad, habitar tu piel.
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